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Na Mercadera - Sinopsi

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Asedio de Peralada

Después de la conquista de Sicilia por parte de Pere lo Grande, que intervino por los derechos que tenía su mujer Constanza, el papa lo excomulgó y predicó la Cruzada contra la Corona de Aragón, mientras otorgaba Sicilia a Carles de Valois, hermano del rey de Francia. Entonces se produjo la invasión francesa del Ampurdán y del Rosselló. En aquel contexto encontramos la actuación de dos mujeres de Peralada a las cuales consideramos heroínas. Seguramente a lo largo de la historia ha habido otras mujeres que en situaciones de guerra y de riesgo han actuado con coraje, pero ellas han llegado a las crónicas de la pluma de Ramon Muntaner, hijo de Peralada y testigo de los hechos de 1285.

Una de ellas es la Mercadera. Según Muntaner, la Mercadera era una mujer muy experta, grande y alta que tenía obrador de mercería a la villa de Peralada; era pues una profesional que elaboraba cintas, velos y otros materiales complementarios por la costura y el ornamento de los trajes, y que los venía. Pero como todas las mujeres de los pueblos y villas de las clases populares, además de trabajar con los suyas manos, tenía cura del huerto situado fuera muralla, que proporcionaba una parte importante de la alimentación cotidiana de la familia.

Peralada estaba asediada, o sea que la Mercadera no podía salir del recinto sin temor de toparse con los soldados franceses para ir al huerto a buscar la verdura para hacer la comida; hubiera estado muy peligroso que saliera una mujer a campo abierto cuando los soldados asediaban por los alrededor. O sea que ella decidió ir a cosechar las coles vestida de hombre, y en apariencia de hombre armado. Muntaner ya se apresuraba a decir de entrada que era una mujer corpulenta, que con la lanza y el escudo en la mano y la espada en la cintura, debería de imponer como si fuera un guerrero; ir al huerto guarnida de aquella manera era sin duda menos peligroso. Mientras cosechaba las coles sintió ruido de cascabeles, era un jinete francés que con su caballo arnesat con cascabeles había caído a la reguera por donde circulaba el agua entre huerto y huerto y que servía para regarlos, trabajo que sin duda también hacían las mujeres que tenían cura de los huertos. Entonces se acercó al francés y le atravesó el muslo con la lanza, y lo dejó clavado a la montura; a continuación, sacándose la espada le gritó: «Caballero muerto baches si no os retets». Es decir, lo desafió prácticamente siguiendo el código de caballería, de forma que el caballero se rindió y ella lo condujo en Peralada; antes, pero, tuvo cura de sacarle la lanza que le había clavado. El rey, que estaba en Peralada, le hizo explicar la anécdota diversas veces, cosa que nos señala que era un hecho extraordinario; el botín de guerra, es decir, el caballo y las armas del vencido le fueron dadas y una vez redimida el prisionero el rescate también fue para ella.

Es una imagen muy gráfica, aquella mujer experta, grande y alta, se tiene que vestir de hombre, actúa como un hombre armado, hiere el enemigo y lo hace prisionero. Pero hemos encontrado interesante el hecho que una vez el prisionero se rindió, y dejó las armas, ella le arrancara la lanza que le había clavado, es decir, hizo el que hacían las mujeres en el campo de batalla, socorrer el herido, a pesar de que era un enemigo acosador y que ella misma lo había herido.

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