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Es poetisa y crítica literaria. Ha publicado varios trabajos sobre Virgínia Woolf y el grupo de Bloomsbury, y ha traducido a Susan Sontag, Doris Lessing, Erica Jong, Simone de Beauvoir y Marguerite Duras.

En 1997 recibió la Cruz de San Jorge, en 2007 se publicó una antología de su obra poética, Poemas 1969-2007: Antología (Editorial Meteora), y en 2021, Todo me admira. Poesía completa (Viena Ediciones). Por sus obras publicadas en 2010, el libro de poemas Animales y plantes (Editorial Meteora), los ensayos Francia: enero 1939. La cultura catalana exiliada (Labra Libros) y El exilio violeta (Editorial Meteora). Marta Pessarrodona lo ha escrito casi todo.

Su poesía cierra las claves de la vida contemporánea, mientras que su prosa y sus ensayos exploran los temas que han formado su personalidad y la de tantas mujeres que, como ella, conquistaron el siglo XX: la libertad, la cultura y el feminismo. Si fuera irlandesa, hace tiempo que Pessarrodona sería una santa en vida, una poeta idolatrada. En Cataluña tiene una biblioteca a su nombre y un Premio de Honor (2019), reconocimientos que, sin embargo, no han conseguido que ocupe la centralidad que se merece. Desde muy pequeña, cuando su madre le regalaba libros de Folch y Torres y tenía cuenta en la librería de su barrio en Terrassa, quería ser escritora, aunque no supiera de qué. Sin embargo, "a los 13 años ya quería ser cómo García Lorca". A los quince hablaba y leía en francés y a los 18 sus padres le compraron un coche. Viajó a Francia y en Inglaterra, a trabajar y estudiar. Incorporó otros mundos, tradujo y escribió sin cesar, sobre todo poesía, el género literario del cual emanan todos los otros. "Nada me produce más placer que saber que un poema ya está acabado".

Conoció a Gabriel Ferrater y se enamoró. Él tenía 19 años más que ella y todavía le agradece que nunca le perdonara la vida. Le dio a conocer a otros poetas, le recomendó que encontrara su propia métrica y ella lo hizo. Fue su pareja hasta el final.

Lamenta que el feminismo contemporáneo se olvide de las mujeres que, como ella, lucharon por los derechos de la mujer cuando era mucho más difícil que hoy. Por eso considera que el siglo de la mujer no es el XXI, sino el XX. "El XXI es un siglo de relectura", asegura. Reconoce que la poesía es memoria, pero también futuro. Afirma que le han pasado cosas que antes había escrito en sus poemas y recuerda que de madrugada, en casa de Guillermo Cabrera Infant, escuchaba tangos y boleros que le habría gustado escribir. "He venido a ser feliz y he tenido mucha suerte", reconoce al final de la entrevista.

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